| Danilo Gonzales |
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| Escrito por Byron Tejeda |
| Miércoles 02 de Septiembre de 2009 21:49 |
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¡A LA MONTON¡ ¡ A LA MONTON¡ (Por favor envíe este artículo a otr@s salamatec@s) Autor: Elgi Walter Boteo García
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tel. 5927-1345 La expresión ¡A la montón¡ ¡A la montón¡ parece no tener sentido, pero era un grito de guerra, en ambiente deportivo, y los gritos de guerra como que están, en cierto modo, exonerados de las reglas gramaticales. Esto porque los gritos de guerra son claves, mensajes encriptados y con que emisor y receptor se entiendan es más que suficiente. El emisor, quien gritaba estas palabras y lo hacía a todo pulmón era el recordado profesor Danilo González Poza. Generalmente sucedía los sábados, porque asistíamos los sábados a la Escuela Tipo Federación José Clemente Chavarría. Recibíamos caligrafía, aunque a muchos no se nos compuso nunca la letra por más que llenamos cuadernillos. Se escribía con tinta Parker y aun siento el maravilloso olor de esa tinta como si hubiera sido ayer, aunque repito, a muchas la letra no se nos arregló pero todas las circunstancias tienen ventajas y desventajas porque uno a veces escribe cosas que es mejor si no las entienden las demás. También recibíamos lo que era el equivalente de Artes Plásticas y allí comenzaron a hacer sus tanes muchos amigos que con el tiempo se convirtieron en excelentes pintores aunque otros como en mi caso al hacer un árbol había que ponerle abajo la palabra árbol para que se entendiera que quiso dibujar uno. Luego de Caligrafía y Plásticas venía el deporte. Eran mañanas de alegría deportiva. Todo era de antología comenzando por los nombres de los equipos: Real Madrid, Barcelona, Colo Colo, Peñarol y más. Menos mal que por esos tiempos no se hablaba de propiedad intelectual y piratería, sino ni vendiendo la querida Escuela Federal hubiera alcanzado para pagar las multas que hubieran impuesto las instancias judiciales al establecimiento por usurpar los nombres de esos gigantes del fut bol mundial. Los uniformes eran otro cantar, como no habían pacas, en mi caso y de otros más las mamás o abuelitas sacaban a relucir su ingenio. En mi casa había una humilde panadería y mi querida e inolvidable abuelita me hacia la “camisola” y la pantaloneta de la manta de los sacos en que vendían la harina y el azúcar. Luego los teñía poniendo una olla al fuego, echándole un polvo que venía en unos tubitos de vidrio en diferentes colores. Pero por mas que se luchara por teñirlas en esas prendas de vestir deportivas siempre se traslucía “Molinos Excelsior” “Molino Santa Ana” o “Ingenio El Salto”. Los nombres de equipos nacionales tampoco faltaban en esos encuentros, de tal forma que Municipal y Comunicaciones eran equipos infaltables igual que Xelajú y Tipografía. Era en este momento que entraba en acción el profesor Danilo Gonzalez Poza y gritaba:¡A la montón ¡ ¡A la montón! Era una técnica fut bolística que el patentó con el registro D.P.G 2,134 de fecha 7 de agosto de 1963, lo cual consta en archivos, según esa técnica el equipo del cual era entrenador don Danilo, cuando atacaba lo hacía en masa es decir una multitud rodeaba al jugador del equipo contrario y esa valla humana lo dejaba imposibilitado de avanzar, retroceder o moverse para los flancos. Es pregunta obligatoria ¿Por qué los entrenadores nacionales no han usado la técnica de don Danilo para sacar triunfante a la selección. ¿ Por que Ramón El Primitivo Madariaga o Darío El Bolillo Gómez no daban esas instrucciones tan sesudas ¡A la montón! ¡A la montón!? ¿No será que con esa técnica no sólo hubiera llegado la selección a un mundial sino que ya hubiera campeonizado? Sólo hay un pequeño inconveniente: Don Danilo hacia que su equipo se presentara con veinticinco jugadores por eso ¡A la montón! significaba que un enjambre de chirises de caníllas más cecas que un chirivisco rodearan al equipo que si tenía sus once jugadores que manda la ley deportiva. Por lo general otro maestro llegaba a reclamarle a don Danilo con un___Puchis vos Danilo ese tu equipo tiene jugadores de más y don Danilo con su sonrisa picaresca sacaba a los fut bolistas que estaban demás, pero casi siempre ya llevaban una ventaja en el marcador. Como lamentara el famoso entrenador del Barcelona Pep Guardiola que ya ese genio de la dirección técnica del fut bol, don Danilo, no esté para consultarle ahora vía teleconferencia, aspectos para guiar mejor a su equipo. Pero en esos encuentros sabatinos se forjaron jugadores que después fueron gloria del deporte local y nacional como los hermanos Ortiz Obregón para poner un solo ejemplo, para nada esas mañanas de sábado fueron perdida de tiempo. Mañanas acompañas de las tostaditas de doña Queta, los caramelos con manía de doña Pepa (Josefa) Guzmán y todas las golosinas que vendían respetables señoras que sin ser nutricionistas nos dieron energías en sus refacciones, para hacer todas las travesuras habidas y por haber. Les comprabamos a ellas muy a pesar de que quisiéramos o no quisiéramos teníamos que tomarnos unos enormes pocillos de leche que venía en unas bolsas con el letrero “Alianza Para El Progreso” Esa leche solo al llegar al estómago nos hacia sentir de que nos habíamos tragado un gato que nos revoloteaba por dentro y se iniciaba un concierto infantil de intestinos que le costó a don Danilo comprender, cuando nos estaba dictando, que era aquel ruido similar a una olla de tamales hirviendo. Además comenzaba la pedidera de permiso para ir al baño y los empujones y maltratadas por ver quien entraba primero. Otra cosa era el queso Kraft que acompañaba a la leche, era sacado de unos botes plateados y cada maestro cortaba los pedacitos con un cuchillo y los colocaba en tortillas que acababa de llevar doña Leonza Dionicio, abuelita de don Beto Dionisio impulsor de la feria del Barrio Hda. La Virgen. A la mayoría nos gustaba ese queso y como siempre, humanidad incorregible, a los que no les apetecía se iniciaban en el mercado negro y vendían su tortilla con queso Kraft a precio de oro. ¿ No será que los de de ese grupo de patojos traviesos y desnutridos fuimos en otra vida suizos, suecos o italianos por eso nos gustaba el queso? ¿O era el hambre sin vacaciones que nos hacía sentirlo así? Pero don Danilo tenía otras peculiaridades. En ese tiempo la ley mandaba que los docentes se presentaran a sus labores debidamente entacuchados. Don Danilo llevaba un único saco que no cambio jamás. Para mis especulaciones que fue traído del Vietnam y estaba hecho con alguna tela militar que los gringos usaban en la guerra con ese país pues en cada recreo lo tomabamos de la silla donde el lo colocaba y Guicho Milián Orellana y Juan Vicente Chavarría se lo ponían por turnos y los demás nos prendíamos como diez en cada manga y jugábamos a ver quien tenía más fuerza, le hacíamos un torniquete al que tenía puesto el saco con la misma prenda de vestir en mención lo tirabamos entre el polvo del patio extenso y el saco resistió hasta que la ley cambió y como don Danilo nunca lo llevaba a su casa supimos que durante todo ese tiempo el saco no conoció agua, jabón, plancha o cepillo y cuando fue llevado a casa por su dueño como un fenómeno digno de las más profundas investigaciones de la física se paraba solo. Para nuestra mente infantil fue muy fácil darle un explicación, decíamos, don Danilo tiene pacto y el Sisimite está adentro del saco. Lo de la corbata era otra cosa, Don Danilo, un alma libre y soberana hizo juramento de que las cosas las haría a su modo y cosió una corbata a su camisa por lo tanto se ahorró el tiempo de hacer un nudo e hizo un bien a la educación nacional pues esos segundos fueron utilizados en enseñar a leer a escribir a sus alumnos, lo cual era su especialidad. ¿No será que ahora que la crisis económica mundial nos amenaza, ese método de vestir de don Danilo cobrará auge y aun los ejecutivos de las grandes empresas coserán la corbata a sus camisas? En unos cuantos meses enseñaba a sus alumnos a leer y escribir. En mi grupo puso como monitor a alguien que nos enseñara, Macario de León, el alumno más inteligente y aplicado de nuestro grado.Hoy una excelente persona un gran maestro albañil, no pudo seguir estudiando, pero es un gran lector y un extraordinario ser humano. Macario también nos hacia “recreos dirigidos” es decir organizaba dramatizaciones sobre los comics y películas de Tarzán de la Selva, el repartía los papeles quien era Tarzán, difícil porque todos eramos secos y con una barriga que anunciaba lo presencia de unos bichos llamados lombrices, el papel que nadie quería el de Chita. Contradicciones de la vida, don Danilo nos inició en el papel de integrantes de las patrullas de Auto Defensa. Usted dirá ¿Cómo? Cada semana organizaba los turnos. Uno tenía que pararse en la puerta del aula y avisar si llegaba el enemigo. ¿Quién era el enemigo? El director el profesor Salvador Antonio Padilla Auceda. Mientras hacíamos turno en la puerta don Danilo se acostaba en una banca en una de las bodegas de las aulas y en cuestión de segundos estaba roncando. Por supuesto que si el enemigo avanzaba y uno no avisaba y el director entraba al aula, don Danilo daba un salto felino y salía tan campante diciendo que estaba ordenando la bodega. Por supuesto por este descuido del centinela después había arresto como correspondía a un pequeño pelotón del gran ejercito de buscadores del saber. Décadas después fuimos de las patrullas de autodefensa y quizá ese pequeño entrenamiento que nos dio don Danilo nos sirvió para gozar de aquellas noches de tertulia con Mongolo, Mario Mexicanos (Tarax) don Joaquín Rizzo, don Azael Ramirez. Por cierto que en esas tertulias don Azael nos ilustró sobre detalles del movimiento político conocido como El Salamatecazo. Por ese tiempo vino un circo a Salamá y un domador de leones hacia restallar su latigo para dirigir a los animales feroces. En pocos días don Danilo tenía un latigo propio y con ese nos guiaba dentro del aula y fuera de ella gozando con el ¡Pac! Que hacía en el aire. Por un fenómeno extraño unos a otros nos veíamos con cola, melena, ojos enormes y claros, garras y grandes colmillos. En el remoto caso de que un psiquiatra nos hubiera dado terapia grupal, quizá le hubiéramos dicho;__¿Doctor que será que tenemos ganas irresistibles de comernos al conserje?. Hoy que la gratuidad de la educación de moda recordamos que don Danilo los fundamentos de eso, pues para que no gastáramos tanto en trabajos manuales o sea las areas prácticas recomendaba que para la feria de San Mateo uno comprara un carrito de madera y sólo lo pintara y cuando llegaba el director le decía:__Mirá los trabajos que hicieron los patojos, el director contestaba con un __Mmmm que en lenguaje simbólico quiere decir : Mejor no hablemos. El director lucia sus dotes de orador en todos los actos y siempre mencionaba la Piedra Filosofal, o sea lo que persiguen los alquimistas. A mi nadie me quitaba de la mente que con esa piedra Macario de León me rompió la cabeza una tarde en que jugando afinó su puntería acertándole a mi infante cráneo. Yo juraba y perjuraba que Macario pasó a traer la piedra a la dirección y se la llevó en su bolsita de pita. Don Tono Padilla tenía una hija, una canchita que años después llegaría a ser una renombrada profesional de la psicología en la USA, cuando don Danilo no llegaba ella nos cuidaba y a coro le cantábamos una canción de ese tiempo: Florecita, Florecita donde estas que no te veo. Don Danilo, repito era un alma libre, un auténtico y verdadero librepensador a quien le valía un pito lo que pensaban los demás, lo que los demás creían le venía como calzón de payaso como dice la Lucita Juarez, voz renombrada de cantos religiosos. Por eso cuando le hicieron un homenaje y le dijeron con cierto tino : Pero allí viene bien arreglado, el les contestó algo que quedó para la historia:__Danilo Gonzales es como es y no se parece a nadie y si quieren me dan el homenaje asi y si no no se preocupen. El mejor homenaje que recibió don Danilo fue el cariño de quienes fuimos sus alumnos, a quienes nos enseño a leer en tiempo record gracias a un método de enseñanza de lectura y escritura que el mismo creó. Sus peculariedades eran un adorno de su gran alma de maestro como cuando pasaba asistencia y no lo llamaba a uno por su nombre sino por el nombre de su mamá ejemplo: Servanda García, uno no contestaba por enojo y vergüenza, entonces él decía __No vino la Servanda , pues les pongo falta. No quedaba otro camino que contestar. Y asi seguía: Lencha Milián, Mencha García, Tona Chavarría. Fue un gran maestro, cada cada vez que yo lo encontraba ya anciano y guiado por un su pequeño nieto le tomaba sus manos y le decía__Que dice mi maestro. Porque fue el quien me abrió el mundo maravilloso de la lectura. Estuve en su velorio y allí recordé tantas vivencias de un docente sencillo, que sin exagerar enseño a leer a miles de bajaverapacenses, por eso para la posteridad estará en el corazón de sus alumnos. De seguro algún día nos reuniremos en otra dimensión nos pondremos un uniforme de fut bol y esperaremos a que el grite ¡ A la monton! ¡A la monton! |



